Marina y su experiencia por el mundo viajando y trabajando
27 junio 2020

Carla: como vivir en Francia con la working holiday visa

Esta nueva sección del blog está dedicada a viajeras que dejaron todo para salir al mundo a viajar, trabajar y vivir experiencias que les cambiaron la vida. Ellas lo cuentan a través de sus redes y me han maravillado con sus relatos por lo que las invité a compartirlo acá.

Gracias a Instagram descubrí la cuenta de @ohlalacarli, ella coincidió con Marina, que nos contó hace poco su historia, en Niza. Su personalidad burbujeante y su amor por vivir en Francia me coparon instantáneamente. Les dejo su historia, contada por ella !

Ahorré durante dos años y en abril de 2017 inicié la que sería la mejor experiencia de mi vida.

Feliz en París

¡Hola a todos! Me llamo Carla Manrique. Soy de Buenos Aires, Argentina, y en 2017 me mudé al país con el que soñé toda mi vida: Francia.

Un sueño hecho realidad

¿Si al viaje lo planeé mucho? Unos 10 años quizás… desde cuando decidí anotarme en una escuelita de francés porque sabía que en algún momento de mi vida iba a vivir ahí. Luego supe que existía un visado para pasar un año trabajando y viajando por Francia. Ni lo dudé: ahorré durante dos años y en abril de 2017 inicié la que sería la mejor experiencia de mi vida.

Tenía solo 20 años y era la primera vez que viajaría tan lejos y por tanto tiempo. Pero en mi cabeza, era algo tan normal y deseado hace tanto que desde que puse un pie en París que me sentí como un pez en el agua.Esto creo que se debe a que en otra vida fui francesa: no puedo explicar con palabras cuanto yo quería ir a este país, cuanto amo su cultura, la facilidad con la que absorbí el idioma o como se me pone la piel de gallina cuando escucho la Marseillaise.

Feliz de viaje (Praga)

Entonces, llegué a la conclusión:  si las vidas pasadas existen, yo era francesa. ¡Es más! La primer semana en Lille, que era la ciudad donde pensaba quedarme, ya salía a comprar la baguette a la boulangerie como una más. Eso sí: el único hábito francés que nunca pude incorporar, es el del queso. Todavía no puedo creer la cantidad que consumen, las góndolas gigantes en el supermercado que le dedican a este producto y, por sobre todo, lo fuertes que son. Pero en lo que resta, todo se me dio con una normalidad por demás llamativa.

Expulsada del norte de Francia por el clima, mi año lo terminé pasando en Niza, una ciudad del sureste en la famosa Costa Azul. Sí, viví a orillas del Mediterraneo y ni yo me lo creo todavía. En realidad, terminó siendo un año y medio, ya que luego de que mi visa expire, volví porque me había puesto de novia con alguien de ahí. Lamentablemente, por una cuestión de papeles, no pude quedarme en Francia y tuve que irme a Alemania, donde tenía unos meses más de visa. Pero también por cuestiones burocráticas, hoy escribo esto desde Villa Devoto, mi barrio en Buenos Aires.


Vivirlo vale la pena…

Vivir en Francia, sobre todo en Niza, me ayudó mucho a conseguir un buen trabajo en Buenos Aires. El haber trabajado en el rubro hotelero en la Costa Azul, pesa fuerte en el curriculum. Por otro lado, no solo mejoré el francés, sino que mi inglés cobró fluidez notablemente ya que en el hotel donde trabajaba era el idioma principal. Además, ¡italiano! Niza es una ciudad casi italiana, se encuentra a cuarenta minutos de la frontera con Italia y no es hasta 1860 que se anexa a Francia. Es por eso, que es un idioma casi tan hablado como el francés y, en mi caso, trabajar con italianos hizo que aprendiese la lengua de forma natural, lo cual no estaba para nada en mis planes.

Por eso, la experiencia laboral en el exterior más la suerte de poder manejar cinco idiomas hicieron que siempre se me abrieran las puertas de buenos trabajos. A mi entender, la experiencia Working Holiday (el nombre del visado), es una inversión.

Sin embargo, si hay algo que aprendí viviendo en Francia y en Alemania, es que el nivel de vida económicamente hablando es muy superior al que puede tenerse en Argentina. Con trabajos poco o nada calificados, en Francia, me pagaban mucho más que haciendo lo que había estudiado en Argentina, o también, la tranquilidad de saber que un día iba al supermercado y al mes siguiente iba a ser el mismo precio, y el siguiente también y así sucesivamente. El haber podido planear, proyectar y concretar, es de las cosas que más disfrute de estos dos años en Europa y de las razones por las que pretendo volver.

Recién llegada a Marrakech

Mis preferidos del país galo

Volviendo al tema Francia, si tengo que elegir cuatro lugares para visitar, elijo los siguientes:

  1. Lille: Una ciudad al norte, cerca de la frontera con Bélgica y ubicada de forma equidistante entre Londres, París y Bruselas. Una cultura absolutamente distinta de la italiana a la que estaba acostumbrada en el sureste. Las mejores cervezas que probé en mi vida. Eso sí, el sol es algo utópico. -afirmo este punto 😛 –
  2. Marsella y los Calanques: La ciudad que nadie recomienda, yo lo hago.  De a momentos muy parisina, de a ratos magrebina y hasta bizantina, lo cierto es que la ciudad con el mayor puerto del Mediterráneo es una mezcla cultural que bien representa la sociedad francesa: mixta. Recomiendo perderse por Cours Julien. En cuanto a los Calanques, es un Parque Nacional a media hora en colectivo y con entrada gratuita. Para los amantes del senderismo y de la fusión entre el mar y la montaña. Imperdible.
  3. Eze Village, Monaco, Menton y todos los pueblos por los que pasa el colectivo número 100 que sale del puerto de Niza. €1,50 para hacer un recorrido bordeando el Mediterraneo. De nada 😉 
  4. Cap d’Ail: También forma parte de los pueblos alcanzados por el bus 100, pero tiene una particularidad: la reserva de la Mala. Es una playa escondida, entre calas, a la cual se llega después de 15 minutos caminando por un sendero que bordea el mar. Tanto el recorrido como la playa, valen la pena, pues de Mala tiene solo el nombre. 
La cercanía

Vivir en Europa, además, te facilita conocer muchas ciudades y países debido a la cercanía. En este contexto, una ciudad que me voló la cabeza fue Praga. ¿Como puede una ciudad ser tan perfecta? Parece salida de un cuento de hadas. Además, la visité con amigas: cuando vivíamos en Berlín, nos escapamos un fin de semana y hasta fuimos a bailar. Es una ciudad muy, muy bella que invita a ser recorrida tanto de día como de noche.


Redes sociales y vida viajera

Las redes ocupan un lugar clave en mi vida estando de viaje. No solo es la forma de seguir en contacto con mi familia y amigos en Buenos Aires, sino que también les puedo mostrar lo que voy viendo y viviendo.

A su vez, ahora que esta viajera está en pausa involuntaria, las redes me permiten estar en contacto con gente de todo el mundo desde mi instagram y mi blog y así empezar a planear próximos destinos. Tambien, en los dos años y medio que estuve afuera, mucha gente me ha escrito para decirme «wow, no sé como haces» o «lo que estas haciendo es mi sueño y no me animo» Entonces, desde que volví, solo me dedico a incentivar a otros a que den el salto y hagan lo mismo. Siento que fuí tan feliz, que tengo el deber de hacer y ayudar a que otros se animen a vivir lo mismo.

En mi blog suelo contar y dar tips sobre como obtener estas visas, dar detalles de cómo es vivir en tal o cual ciudad, relatar anecdotas de viaje y, sobre todo, pasar el mensaje de que todos, absolutamente todos, pueden hacerlo.

Aquí lo tienen, el relato de Carla. Su experiencia tan rica en viajes, emociones y llena de recuerdo hermosos. Le deseo que pronto pueda volver a Francia, pays que ya forma parte de ella y donde la esperamos con los brazos abiertos. Les aconsejo seguirla en sus redes sociales para ver más cosas 🙂


Constanza
Constanza
Hola ! Soy Constanza, me mudé a Francia desde Córdoba, Argentina en 2015 como Au pair y el destino me hizo quedar acá donde trabajo, estudio, escribo y viajo ! Así que les cuento de todo ello en este rinconcito de internet que creé con mucho amor.

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